
Desde aquellos 26 años hasta los actuales 55 han transcurrido 29 años. El paso de éstos se percibe en un rostro apacible y serio, con luminosidad suficiente para seguir encarando la vida. El parecido físico con mis ancestros, la angulosidad de mi cara, y un tono amargo de desencanto presentido conforman el resto de mi estudio. Si no fuese suficiente habría que conocerme mejor. Saber de mi pasado.